![]() |
Una vez estuve encerrada en una baldosa color terracota, y yo era una baldosa terracota. Mis contornos tocaban el frió y duro límite, todo se convertía en desazón y sin razón, en dolor, y en inexplicable condición de eternidad. Y mientras más buscaba, y buscaba el principio, una ventana, alguna luz, un extraña materia, algo que rompiera ese equilibrio perfecto de baldosa, de granito, de dureza de roca, de milenios de ser roca, y cuando me acerco al final de esa búsqueda, solo había roca, baldosa terracota, no había lugares, ni ángulos, ni imperfecciones, solo simetría de baldosa. No hay vació, ni gravedad, ni equilibrio, ni fuerza, ni forma, solo energía retenida o muerte dentro de una baldosa color terracota.
Y muchas veces moría, y cada vez que volvía a aparecer moría otra vez en esta baldosa. No había vida, solo una forma extraña de conciencia, de permanencia de pertenencia, sin ausencia, sin fin. Cuento autora Fátima Tuffaha
![]() |



